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¿Estamos fomentando estrés en los niños?

¿Estamos fomentando estrés en los niños?

 

Vivimos en una sociedad donde vamos rápidos, acelerados. Como padres nos preocupan nuestros niños y quisiéramos protegerlos de todo esto, de la locura del día a día pero, la mejor forma de prevenir el estrés de los niños es trabajando primero en nosotros mismos como padres. Si no somos capaces de dejar atrás preocupaciones y agobios, si no podemos aterrizar con ellos en el momento presente, difícilmente captaremos sus señales. No se trata de doblar el espinazo y someterse a la implacable tiranía infantil, sino de ser más receptivo y no acabar atrapados con ellos en el mismo callejón sin salida.

Simplificar nuestros hábitos es también otra manera de protegerse. El “silencio electrónico” debería ser obligatorio en esos hogares con dos o tres televisiones, consola de videojuegos, ordenador, estéreo, “walkman”, teléfonos, móviles y juguetes que lo llenan todo de ruido. Habría que “blindar” nuestras casas contra el estrés y convertirlas en remansos de paz, frente al ritmo impetuoso de la vida moderna. Al menos, en momentos como las comidas, un ratito de sobremesa y no llevarse el teléfono o tableta a la mesita de noche!!

1. Cultive la risa: Recuerda que La risa trabaja para la vida!!! el humor compartido es a veces la mejor de las terapias para aliviar las tensiones.

2. Póngase frecuentemente en el lugar de su hijo. Trate de ver las cosas desde su perspectiva. No le subestime ni considere que es “demasiado pequeño para padecer estrés”. El mínimo cambio en su rutina puede crearle tensiones.

3. Aprenda a interpretar los síntomas de estrés infantil. Una de las primeras señales puede ser el insomnio. Algunos niños los interiorizan en forma de dolores de estómago, migrañas o fatiga. Otros los manifiestan con tics como morderse las uñas o tirarse del pelo, o en forma de rabietas y ataques de agresividad. Si hace falta, consulte a un profesional.

4. No les programe en exceso, ni les contagie su ritmo acelerado de vida. Evite la sobrecargar de actividades tras la jornada escolar. Déjeles todos los días tiempo libre para jugar, correr al aire libre o no hacer nada en particular.

5. Enséñeles a relajarse. Practique con ellos yoga o compartan todos los días unos minutos de baile o de ejercicio físico. Aproveche momentos como el baño para rebajar la tensión. Aprenda a darles masajes ocasionalmente.

6. No les reprima por sistema; ayúdeles a expresar su frustración. Tienen derecho a manifestar su enfado o contrariedad, aunque debemos enseñarle cómo hacerlo. En situaciones límite, permítales que griten contra una almohada o que corran hasta que se cansen y remita la ansiedad.

7. Procure no transmitir sus preocupaciones de adulto al niño y mucho menos descargar sobre ellos su propia tensión. Los niños tienen siempre a sus padres como puntos de referencia, y es muy fácil que se contagien del estrés.

8. Hable con sus hijos. Aproveche el momento de la cena para celebrar un cónclave familiar. Enséñeles a exteriorizar sus sentimientos.

9. Controle el tiempo que pasan delante de la televisión y de los ordenadores, que pueden provocar lo que se conoce como estrés visual. Estimule la interacción con otros niños.

10. Vigile la dieta; en especial, la ingestión de azúcar. Nada de comida- basura, ni de bebidas refrescantes (con un alto contenido en cafeína).

A veces, lo que mejor funciona es los momentos críticos es la ruptura: unas carreras por el pasillo, la pausa del baño, un juego predilecto que actúa como resorte en la imaginación del niño, cantar a dúo una canción, poner a toda la familia a bailar, o convertir en pequeños rituales las faenas domésticas.

Pero tendríamos sobre todo que permitir que los niños sean niños, y no compulsivos aprendices de adultos.

Os recomiendo la lectura del libro de Carlos Fresneda “La Vida Simple”. Editorial Planeta.

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