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RESILIENCIA Y FAMILIA

RESILIENCIA Y FAMILIA

¿Qué es la RESILIENCIA?

Los que nos seguís en Facebook sabéis que, de vez en cuando enlazamos artículos de compañeros psicólogos hablando de este palabro o definiendo las claves de cómo ser resiliente.
Coincidiendo con que esta semana hemos ofrecido en el cole Ángeles Bedmar de Huetor Santillán una charla para los papás, a través del AMPA Río Darro, titulada Vivir- educar en positivo: La Resiliencia, me gustaría compartir con vosotros unos pequeños esbozos sobre el tema, para además dejar claro el porqué desde las ciencias sociales lo consideramos tan necesario para el desarrollo personal tanto de nosotros como adultos, como para el desarrollo de los más pequeños.
Al final, podréis leer 12 actuaciones para desarrollarlas con los peques, adaptándolas a la edad de cada uno.
RESILIENCIA: “capacidad del ser humano para hacer frente a las adversidades de la vida, superarlas e inclusive, ser transformado positivamente por ellas”.
El vocablo resiliencia proviene del latín, el término “resilio” que significa volver atrás, volver de un salto, resaltar, rebotar, ser repelido o resurgir.
Este enfoque procura demostrar cómo o de qué manera, aún ante las más diversas crisis, todas las familias, los niños y las niñas son capaces de recuperarse y salir adelante pese a soportar un estrés o dolor abrumador.
La familia ejercéis un papel insustituible y podéis y sois la guía que acompañe a vuestros hijos desde el nacimiento
Sea el tipo de familia que sea debe tener su protagonismo en la educación de sus hijos, para aportarles protección ante los riesgos que se les pudieran presentar en el proceso de su desarrollo.
Lo que importa para un funcionamiento saludable y el desarrollo de la resiliencia no es la forma que adopta la familia sino los procesos que se dan en su seno, LA FORMA EN GESTIONAR Y RESOLVER LOS PROBLEMAS.

¿QUÉ PODEMOS HACER CON Y PARA NUESTROS NIÑOS?:

1. Enseña a hacer preguntas. Las preguntas invitan a la reflexión, a la introspección y ello puede ser determinante en el caso de que un niño pase por un momento personal difícil. Enséñale a formular preguntas abiertas, aprender a plantear argumentos, defender ideas, debatir, etc. y harás de tus niños unos niños más reflexivos y capaces de verbalizar sus preocupaciones y adversidades.
2. Enseña la bondad. Se trata de un recurso tremendamente efectivo. Consiste simplemente en pedirles que durante un día piensen en hacer un favor a alguien que les importe. Una vez hecho este favor deben verbalizarlo, es decir, explicarlo en voz alta. Los denominamos actos de bondad son un arma muy poderosa no sólo por el acto de bondad en sí, sino por la gratitud que recibimos por dicho acto. Si educas a tus niños en la bondad, les educarás también en la gratitud, serán más sensibles a lo que les rodea y les permitirá afrontarlo con la mejor de las predisposiciones. La gratitud es la que pone la perspectiva a los acontecimientos que podemos considerar como dramáticos. También promover conductas sociales positivas como: cooperar, ayudar, tomar el turno.
3. Enseña hábitos saludables. Se trata de un aspecto fundamental si queremos educar a nuestros niños en la resiliencia. ¿Por qué? Pues porque una rutina saludable permitirá a los niños afrontar con mejores garantías cualquier adversidad que se les presente. Organizar estratégicamente el espacio para que sea un ambiente predecible, ordenado, organizado y limpio.
Y por hábitos saludables debemos entender el ejercicio físico, dormir las horas necesarias, comer de forma saludable y evitar situaciones estresantes. Con estos cuatro hábitos las posibilidades de afrontar con éxito una crisis siempre aumentarán.
4. Enseña a ser útil. Debemos esforzarnos para que todos nuestros niños de una forma u otra se sientan útiles. Si conseguimos que tengan la sensación de que sirven para algo, automáticamente estaremos ante niños con una elevada autoestima. Serán niños felices y esta felicidad podrá ser determinante no sólo para afrontar sus adversidades, sino también para ayudar a sus compañeros ante cualquier dificultad que surja. P.e. Realizar actividades familiares que requieran del trabajo de todos en la familia durante la cual se pueda expresar atención, apoyo y confianza como ir de camping, coger piñas, ayuda en el supermercado…
5. Enseña positivismo. Esto es ver el vaso más lleno que vacío; es una actitud vital que se entrena, se enseña y se transmite. Ser positivo consiste en valorar por encima de todo aquello que tienes. El positivismo está muy ligado al autoconcepto que todos tenemos de nosotros mismos. En una sociedad tremendamente consumista hay que invertir los valores que tienen los niños, es decir, hay que fomentar no lo que les falta, sino todo aquello de que disponen. Hay que hacerles ver de manera consciente qué es aquello que tienen y qué es lo que más valoran de lo que tienen, tanto en lo material como en lo que a las personas y a sus cualidades se refiere. Haz reflexionar a tus niños. Convénceles de lo mucho que tienen, y de lo muchos que pueden dar. Para mí, educar a las personas en el positivismo es tremendamente importante y, de hecho, puede ser determinante en caso de que un niño pueda experimentar algún tipo de pérdida, ya sea de un familiar, de algún animal de compañía, o de algún bien de carácter personal.
6. Potencia habilidades. Va muy ligado al autoconcepto. De lo que se trata es de que sean los propios niños los que descubran por sí mismo cuáles son sus habilidades, es decir, en qué son buenos, en qué pueden llegar a ser los mejores. Una vez lo hayan descubierto, nosotros los padres debemos potenciarlo al máximo con los recursos que tengamos. Es un tesoro enorme del que ellos no tienen conciencia. Creer en sí mismo es la base para establecer y transmitir expectativas positivas, para ello, el niño o niña necesita de personas que crean y confíen en él, que lo alienten positivamente con sentido real de sus posibilidades, eso sí, de acuerdo a su desarrollo diferenciado e individual. Estas habilidades podrán resultar claves para poder superar experiencias que se consideren traumáticas.
7. Fomentar la creatividad y la flexibilidad. Los niños, niñas y adultos, que saben jugar son capaces de imponer orden, belleza y objetivos concretos en el caos diario de experiencias y sentimientos adversos. Es importante promover la capacidad de jugar y el empleo de los lenguajes artísticos para incrementar la creatividad, la expresión adecuada de emociones y activar el sentido del humor y la alegría.
A través del sentido del humor, es posible contemplar lo absurdo de los problemas que acongojan y relativizar los complejos cotidianos; se propone: Actividades que estimulan la imaginación: lectura de cuentos o historias, obras de teatro y títeres, dibujos, y expresión corporal libre y creativa.
8. Enseña a resolver problemas. Debemos ver el conflicto como una oportunidad, es decir, como una posibilidad de resolución. No hay que dárselo todo hecho. Los niños tienen que experimentar y tienen que superar obstáculos para así aprender de ellos. No pasa nada si se frustran. También de los errores se aprende y es bueno y necesario para soportar situaciones con altos niveles de estrés. Alentar los esfuerzos y dedicación (valorar más el proceso que los resultados). Evitar focalizar la atención en el error o intentos fallidos y, por el contrario, transformar cada error en una nueva ocasión de aprendizaje.
9. Fomenta la autoestima. La autoestima puede jugar un papel decisivo para hacer frente a cualquier tipo de adversidad. De ahí que debamos insistir en reforzar al máximo la autoestima de nuestros niños. Y podemos hacerlo a través de lo que denomino el refuerzo positivo incondicional, es decir, recordando y verbalizando lo mejor de cada uno de tus niños, celebrando sus logros y compartiéndolos con el resto. El afecto y el apoyo son los tónicos para el desarrollo de la seguridad y confianza en sí mismo, en los otros y en el mundo, estos dos elementos son los que potencian la sana autoestima y las relaciones con los demás.
El afecto parte de la aceptación y respeto incondicional del niño y la niña. P.e. Hacer comentarios, expresarse o referirse positivamente sobre el niño o la niña; Tener y guardar fotos, dibujos, grabaciones y videos del niño o la niña. Evitar presuposiciones y rótulos negativos.
10. Crea redes de apoyo. Es fundamental transmitir a nuestros niños que nunca estarán solos ante una adversidad, sea del tipo que sea. De ahí que es muy recomendable establecer redes de apoyo entre compañeros, establecer grupos, alianzas entre los niños. De lo que se trata es crear vínculos, de crear amistades que puedan perdurar en el tiempo y que en la adversidad se conviertan en una red de seguridad. A través de esta red de apoyo los niños pueden dar lo mejor de sí en cada momento y retroalimentarse de la gratitud y de la bondad que reciben por parte de sus compañeros.
Si no hay una autoestima adecuada, suficiente motivación y alta expectativa de logros, por lo general, no habrá participación significativa. No le pidas que vaya con gusto a fútbol o a kárate, porque no lo hará.
El aprendizaje del niño y la niña se acelera cuando tienen la oportunidad de tomar la iniciativa y se les permite tomar decisiones importantes. Para ello, se recomienda favorecer la participación activa del niño y la niña en la vida de la familia, de la escuela o de la comunidad por medio de actividades alcanzables, retadoras, oportunas, interesantes y significativas.
11. Enseña perspectiva. La perspectiva no es más que el punto de vista desde el cual analizamos la realidad que nos rodea. Por eso es tan importante enseñarla a nuestros niños. Ante una situación adversa, la perspectiva juega un papel fundamental para la superación de la misma. De lo que se trata es de descentralizar el foco del dolor y del sufrimiento a través, precisamente, de la perspectiva. Con la perspectiva lo que lograremos es relativizar el problema, es decir, disminuir su magnitud y la desproporción que experimentamos en una situación adversa. A mayor perspectiva, mayor visión. Y a mayor visión, mayor será la posibilidad de superar una situación traumática.
12. Fija límites claros y firmes: No basta con una sana autoestima, con tener expectativas elevadas y ser participativo para poder trabajar en equipo o socializarse y relacionarse adecuadamente. Ningún ser ni es ni está solo en el mundo y requiere tener claro un código de convivencia para relacionarse y entenderse con los demás. Para ello requiere ser regulado con reglas y límites claros y firmes por medio de: Aprender las consecuencias de las decisiones que toman. Aplicar consecuencias de actos inaceptables o peligrosos. Dar ejemplo de conductas deseadas. Personas que le muestren por medio de su conducta, la manera correcta de proceder (modelos para actuar). Se deben celebrar las conductas deseadas. Establecer reglas y límites claros, sin sobrecargar al niño o la niña, respetando su etapa de desarrollo, porque de esta forma los enseñamos a evitar peligros o problemas.
“No tenemos en nuestras manos las soluciones para todos los retos. Pero ante los retos tenemos nuestras manos. “

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LOS CUENTOS QUE CONTAMOS

 

Los que conocéis el Centro de Psicología Cambio-2, sabéis de nuestra afición a los cuentos. No habrá sesión en la que, intentando dar lo mejor de nuestra afinación, no compartamos uno o dos con vosotros.

 
Suelen ser cortos, educativos, que invitan a la reflexión,…

 
Nunca preguntáis ¿y esto? ¿Para qué lo hacéis? ¿Qué tiene que ver conmigo?…..
Nos escucháis atentamente. Nos dejáis hacer…

 
Pero todo tiene un por qué.
Los cuentos pueden ser un gran instrumento para trabajar una dificultad en terapia y ofrecer una perspectiva distinta. Además, nos ejemplifican a modo de historia, situaciones con las que la mayoría de las personas podemos sentirnos identificadas.
Los cuentos nos ayudan a curarnos, nos regalan salud.

 
En niños nuestro uso de ellos es aún mayor. No hay situación por la que estén pasando y que les haga sufrir que no pueda ser explicada a través de un cuento.

 
Los cuentos son casi tan antiguos como la vida misma. Y es que la costumbre de contar cuentos se ha ido trasmitiendo de generación en generación, de abuelos a nietos, de padres a hijos,… La razón es evidente: los numerosos beneficios que aportan los cuentos.

 
Los cuentos infantiles poseen una narración clara y tienen una sencilla comprensión. Con ellos no sólo mejoraremos la capacidad de comprensión del niño, sino también le ayudaremos a desarrollar su capacidad de comunicación. Además, aumentará y se desarrollará su vocabulario, su fantasía, su imaginación,… ¡¡y el amor por la lectura!!

 
Recuerda además que los cuentos infantiles hablan de aspectos reales de la vida y de luchas interiores dándoles una forma que las hacen menos aterradoras. Además, le ayudan al niño a situar lo que ellos sienten. Les ofrecen ayuda e ideas para resolver sus problemas. ¿Qué está bien o mal? ¿Es más ventajoso ser bueno o malo? ¿Cómo encontrar el amor al ser adulto? ¿Cómo crecer y ser más independiente? Los cuentos les proporcionan puntos de referencia sobre la conducta que hay que tener en la vida.

 
Dentro de la pestaña La despensa, encontraréis alguno de los que habitualmente os contamos. Podéis hacer uso de ellos siempre que queráis.

¡¡Contad cuentos!!